El caso Daoudi, el ensañamiento marroquí contra una familia símbolo de la lucha saharaui

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  • La familia Daoudi padece un continuo acoso del régimen marroquí

  • Cuatro hijos de Mbarek Daoudi han estado en prisión

  • La policía intervino contra el acto de homenaje al expreso político

Cristina Martínez Benítez de Lugo.- 

Después de cinco años y seis meses de cárcel, torturas e incomunicación, el preso político saharaui Mbarek Daoudi fue puesto en libertad y se reunió con su mujer y sus hijos, una familia que ha sufrido durante estos años prisión, torturas y un continuo acoso del régimen marroquí.

El 28 de marzo de 2019 abandonó la prisión de Bouzakarn (Marruecos) este defensor de los derechos humanos para quien en agosto de 2018 la ONU pidió la excarcelación inmediata: el Grupo de Trabajo de NNUU sobre detenciones arbitrarias dictaminó que nunca debió ser detenido y menos juzgado, instó a Marruecos a liberarle e indemnizarle, con garantía de no repetición, y a proporcionarle la atención médica necesaria.

Según el Grupo de Trabajo, la verdadera causa de los procedimientos judiciales contra Daoudi fueron sus opiniones políticas a favor de la autodeterminación. Establece que Marruecos instrumentaliza la justicia penal para hacer callar la disidencia y que la práctica de la tortura llevada a cabo por el sistema judicial marroquí ya ha sido documentada en personas relacionadas con la causa saharaui.

Obligado a alistarse en el ejército marroquí

Daoudi es un activista por la autodeterminación del pueblo saharaui. Casado y con cinco hijos, reside en Glimin,  en la franja de terreno saharaui a la altura de Cabo Juby entregada a Marruecos por España en 1958. Los habitantes originarios de esa zona se proclaman saharauis y sufren un trato parecido al que padecen los de las zonas ocupadas del Sáhara Occidental. Precisamente por pertenecer a Marruecos el lugar de su residencia, Daoudi fue obligado a alistarse en el ejército marroquí en la guerra contra el Frente Polisario. Se jubiló en 2008. El 29 de febrero de 1982 fue detenido por haber intentado unirse al Frente Polisario y cumplió dos años y tres meses de cárcel.

Mbarek, que había relatado cómo presenció en febrero de 1976 la ejecución por las fuerzas marroquíes de una familia saharaui, condujo en junio de 2013 a un grupo de investigadores a la fosa común de Amgala donde se encontraban los cuerpos de esta familia.

IMG-20190401-WA0005Esta acción no podía quedar sin castigo: El 28 de septiembre de 2013, la policía registró su casa y la de su padre sin mandato judicial. Se llevaron 35 cartuchos de escopeta, un arma de fuego antigua de la guerra contra los franceses de 1936 que perteneció a su bisabuelo y un tubo largo de metal. Sin mandato ni explicación alguna se lo llevaron a él y a dos de sus hijos. Les condujeron a un lugar desconocido sin informar a la familia y sin abogado, y les torturaron, obligándoles a presenciar a unos las torturas que infligían a los otros, tan duramente que al tercer día Daoudi firmó su autoinculpación sin leerla y sin abogado, declarando, como le ordenaron, que pensaba fabricar un arma con los objetos que le habían requisado. Estuvo en aislamiento y sin acceso a un abogado durante meses.

Tras 15 meses en prisión preventiva, en los que hizo una huelga de hambre de 52 días para exigir que se le juzgara, fue procesado por un tribunal militar a pesar de que ya era civil. Poco después se puso fin al expediente. Mientras, en otra jurisdicción era acusado de llevar un uniforme militar y condenado a seis meses de cárcel. No se le puso en libertad al término de la condena, y dos meses después se reabrió el primer procedimiento, el militar, esta vez por lo civil. Se le condenó a 5 años. En enero de 2018 fue condenado a otro mes de prisión sin estar presente en el juicio y sin conocer las acusaciones ni poder informar a su abogado. Daoudi no contó con un abogado en la mayoría de las ocasiones en que era preceptivo.

Durante su estancia en prisión Daoudi protagonizó varias huelgas de hambre para protestar por la incomunicación a que fue sometido, por los malos tratos que padeció y en solidaridad con otros presos políticos saharauis, así como por el acoso sufrido por su familia.

Efectivamente, el régimen marroquí no sólo se ha cebado con Daoudi. Para endurecer la venganza, también se ha ensañado con su familia en un hostigamiento constante a todos sus miembros, que se ha materializado en detenciones, palizas, torturas, trabas en las visitas con demoras exageradas, inspecciones humillantes, prohibición de visita, de pasar comida, de protestar; asedio policial a la casa familiar, secuestro y cárcel. Estas son las condenas a los hijos:

-El 8 de agosto de 2013, dos hijos, Omar y Taha, fueron condenados a 1 año de cárcel. Fueron torturados en las cárceles de Ait Melloul y Tiznit.

– 28 de septiembre de 2013: de los dos hijos que fueron torturados con Mbarek, Hassan, menor de edad, fue puesto en libertad condicional mientras que Brahim fue ingresado en prisión  y condenado a dos años. Brahim perdió el oído derecho. Adelgazó alarmantemente y quedó muy débil.

-En diciembre de 2013, Mohamed , que había escapado, fue localizado y condenado a dos años de cárcel. En octubre de 2016, al poco de quedar en libertad, fue secuestrado y torturado durante tres días, quedando en grave estado y sin recibir asistencia médica. Eso deterioró aún más su estado de salud, muy delicado por las torturas anteriores en la cárcel. Los golpes le movieron el cerebro, con riesgo diagnosticado de perder la memoria. Tuvo que exiliarse, junto con otro hermano, para ser atendido clínicamente.

Hubo un tiempo en que cuatro hermanos y el padre estaban prisioneros y en cárceles distintas y distantes: Rabat, Taroudant, Ait Meloul, Inzigan, Tiznit, de manera que la madre y el hermano menor peregrinaban en autobús para visitarles en viajes interminables. Ello supuso la pérdida de los estudios para Hassan .

El sufrimiento ha dejado huella en los rasgos y la salud de todos, también de la madre.

La amenaza no termina: homenaje con intervención policial

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Policías ante la casa de la familia Daoudi

Con motivo del emocionante recibimiento que amigos, activistas y familiares ofrecieron a Mbarek Daoudi en su casa de Glimin, la policía les recordaba que la amenaza no ha terminado. Que la pesadilla sigue, que todavía pueden inventar más juicios. Tenían la casa rodeada. Apalearon a la gente allí congregada y al propio Mbarek a quien le rasgaron la darrá de arriba abajo.

En palabras del activista de Derechos Humanos Hmad Hamad: “Intervinieron brutal y salvajemente contra este grupo de activistas que intentaron hacer todo lo posible para recibir de una forma muy heroica a nuestro compañero y amigo expreso político Daoudi. En el momento en que estaba llegando y se alzaron las banderas de la república saharaui, se volvieron locos, vinieron corriendo los policías atacando directamente a los manifestantes. Se quedaron a la puerta de la casa impidiendo que la gente llegara y pudiera participar en ese acto. Rompieron el contador eléctrico de manera que ya no pudimos utilizar los altavoces ni nada que tuviera relación con la electricidad, para evitar que los discursos políticos reclamando el derecho de autodeterminación fueran escuchados desde la calle”.

Alguien debería recordar a esta policía el dictamen del Grupo de Trabajo de NNUU. No debe repetirse la situación de injusticia que le han infligido hasta ahora. Esta pesadilla tiene que acabar.

 

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